Monday, February 16, 2009

“Las obras de Tolkien satisfacen anhelos de trascendencia”

“Las obras de Tolkien satisfacen anhelos de trascendencia”
Un libro analiza la filosofía del autor de “El Señor de los Anillos”

GRANADA, domingo, 15 de febrero de 2009 (ZENIT.org).- Eduardo Segura, profesor del Instituto de Filosofía Edith Stein, de Granada, España, analiza en su último libro la filosofía de la obra de J.R.R. Tolkien, autor de la famosa saga de El Señor de los Anillos, a través de un poema casi desconocido que lleva por título "Mitopoeia".
El profesor Eduardo Segura, del Instituto de Filosofía Edith Stein, de Granada, acaba de publicar su último libro, titulado "J.R.R. Tolkien. Mitopoeia y Mitología. Reflexiones bajo la luz refractada".
En él se aborda el estudio del autor de la famosa saga de "El Señor de los Anillos" desde una perspectiva desconocida ya que, a la luz de su poesía "Mitopoeia", en la que aparecen una serie de claves estéticas y filosóficas, se intenta comprender toda la obra de Tolkien como una gran labor de reflexión filosófica y de creación estética.
"En concreto, se trata de poner en cuestión, tanto en la vía teórica como en la elaboración artística, la validez de los preceptos empíricos como el único modelo posible para comprender el mundo que nos rodea", informa a ZENIT el instituto Edith Stein.
En una reciente conferencia, que pronunció en la Universidad Pompeu Fabra, de Barcelona, dentro del ciclo "El mundo de Tolkien", desarrolló su argumentación a partir del análisis del concepto de fantasía que hemos heredado de la Ilustración.
"El empirismo dio al traste con el respeto que, desde Homero, había merecido la capacidad de imaginar. Más tarde, el racionalismo dio el golpe de gracia a todo lo que no pudiese ser demostrado empíricamente. La creación literaria adquirió la carga peyorativa de fantasía o cuento como sinónimo, en definitiva, de mentira", dijo Segura.
Frente a esa visión, el filósofo español sostiene que, en Tolkien, la noción de "verdad" es más amplia que la mera verosimilitud: "Verdad es dotar a la invención de credibilidad; y la credibilidad presupone y exige una cierta fe literaria que, a menudo, nos trae un eco de la alegría de la redención. Tolkien lo llamaba eucatástrofe, la capacidad que posee la belleza para transfigurar la realidad".
Eduardo Segura es uno de los principales españoles en la vida y obra del creador Tolkien. Ha trabajado durante muchos años para acercarse a la esencia del mundo que el autor inglés fue tejiendo con sus leyendas, cuentos, poesías y relatos mitológicos.

Friday, February 6, 2009

MENSAJE DE BENEDICTO XVI PARA LA CUARESMA 2009

MENSAJE DE BENEDICTO XVI PARA LA CUARESMA 2009


"Jesús, después de hacer un ayuno durante cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre"


CIUDAD DEL VATICANO, martes, 3 de febrero de 2009 (ZENIT.org).- Publicamos el mensaje que ha escrito Benedicto XVI para la Cuaresma 2009 que lleva por título "Jesús, después de hacer un ayuno durante cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre" (Mateo 4, 2).

* * *





¡Queridos hermanos y hermanas!

Al comenzar la Cuaresma, un tiempo que constituye un camino de preparación espiritual más intenso, la Liturgia nos vuelve a proponer tres prácticas penitenciales a las que la tradición bíblica cristiana confiere un gran valor ! la oración, el ayuno y la limosna ! para disponernos a celebrar mejor la Pascua y, de este modo, hacer experiencia del poder de Dios que, como escucharemos en la Vigilia pascual, "ahuyenta los pecados, lava las culpas, devuelve la inocencia a los caídos, la alegría a los tristes, expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos" (Pregón pascual). En mi acostumbrado Mensaje cuaresmal, este año deseo detenerme a reflexionar especialmente sobre el valor y el sentido del ayuno. En efecto, la Cuaresma nos recuerda los cuarenta días de ayuno que el Señor vivió en el desierto antes de emprender su misión pública. Leemos en el Evangelio: "Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto para ser tentado por el diablo. Y después de hacer un ayuno durante cuarenta días y cuarenta noches, al fin sintió hambre" (Mt 4,1-2). Al igual que Moisés antes de recibir las Tablas de la Ley (cfr. Ex 34, 8), o que Elías antes de encontrar al Señor en el monte Horeb (cfr. 1R19,8), Jesús orando y ayunando se preparó a su misión, cuyo inicio fue un duro enfrentamiento con el tentador.

Podemos preguntarnos qué valor y qué sentido tiene para nosotros, los cristianos, privarnos de algo que en sí mismo sería bueno y útil para nuestro sustento. Las Sagradas Escrituras y toda la tradición cristiana enseñan que el ayuno es una gran ayuda para evitar el pecado y todo lo que induce a él. Por esto, en la historia de la salvación encontramos en más de una ocasión la invitación a ayunar. Ya en las primeras páginas de la Sagrada Escritura el Señor impone al hombre que se abstenga de consumir el fruto prohibido: "De cualquier árbol del jardín puedes comer, mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás, porque el día que comieres de él, morirás sin remedio" (Gn 2, 16-17). Comentando la orden divina, San Basilio observa que "el ayuno ya existía en el paraíso", y "la primera orden en este sentido fue dada a Adán". Por lo tanto, concluye: "El ‘no debes comer' es, pues, la ley del ayuno y de la abstinencia" (cfr. Sermo de jejunio: PG 31, 163, 98). Puesto que el pecado y sus consecuencias nos oprimen a todos, el ayuno se nos ofrece como un medio para recuperar la amistad con el Señor. Es lo que hizo Esdras antes de su viaje de vuelta desde el exilio a la Tierra Prometida, invitando al pueblo reunido a ayunar "para humillarnos ! dijo ! delante de nuestro Dios" (8,21). El Todopoderoso escuchó su oración y aseguró su favor y su protección. Lo mismo hicieron los habitantes de Nínive que, sensibles al llamamiento de Jonás a que se arrepintieran, proclamaron, como testimonio de su sinceridad, un ayuno diciendo: "A ver si Dios se arrepiente y se compadece, se aplaca el ardor de su ira y no perecemos" (3,9). También en esa ocasión Dios vio sus obras y les perdonó.

En el Nuevo Testamento, Jesús indica la razón profunda del ayuno, estigmatizando la actitud de los fariseos, que observaban escrupulosamente las prescripciones que imponía la ley, pero su corazón estaba lejos de Dios. El verdadero ayuno, repite en otra ocasión el divino Maestro, consiste más bien en cumplir la voluntad del Padre celestial, que "ve en lo secreto y te recompensará" (Mt 6,18). Él mismo nos da ejemplo al responder a Satanás, al término de los 40 días pasados en el desierto, que "no solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mt 4,4). El verdadero ayuno, por consiguiente, tiene como finalidad comer el "alimento verdadero", que es hacer la voluntad del Padre (cfr. Jn 4,34). Si, por lo tanto, Adán desobedeció la orden del Señor de "no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal", con el ayuno el creyente desea someterse humildemente a Dios, confiando en su bondad y misericordia.

La práctica del ayuno está muy presente en la primera comunidad cristiana (cfr. Hch 13,3; 14,22; 27,21; 2Co 6,5). También los Padres de la Iglesia hablan de la fuerza del ayuno, capaz de frenar el pecado, reprimir los deseos del "viejo Adán" y abrir en el corazón del creyente el camino hacia Dios. El ayuno es, además, una práctica recurrente y recomendada por los santos de todas las épocas. Escribe San Pedro Crisólogo: "El ayuno es el alma de la oración, y la misericordia es la vida del ayuno. Por tanto, quien ora, que ayune; quien ayuna, que se compadezca; que preste oídos a quien le suplica aquel que, al suplicar, desea que se le oiga, pues Dios presta oído a quien no cierra los suyos al que le súplica" (Sermo 43: PL 52, 320, 332).

En nuestros días, parece que la práctica del ayuno ha perdido un poco su valor espiritual y ha adquirido más bien, en una cultura marcada por la búsqueda del bienestar material, el valor de una medida terapéutica para el cuidado del propio cuerpo. Está claro que ayunar es bueno para el bienestar físico, pero para los creyentes es, en primer lugar, una "terapia" para curar todo lo que les impide conformarse a la voluntad de Dios. En la Constitución apostólica Pænitemini de 1966, el Siervo de Dios Pablo VI identificaba la necesidad de colocar el ayuno en el contexto de la llamada a todo cristiano a no "vivir para sí mismo, sino para aquél que lo amó y se entregó por él y a vivir también para los hermanos" (cfr. Cap. I). La Cuaresma podría ser una buena ocasión para retomar las normas contenidas en la citada Constitución apostólica, valorizando el significado auténtico y perenne de esta antigua práctica penitencial, que puede ayudarnos a mortificar nuestro egoísmo y a abrir el corazón al amor de Dios y del prójimo, primer y sumo mandamiento de la nueva ley y compendio de todo el Evangelio (cfr. Mt 22,34-40).

La práctica fiel del ayuno contribuye, además, a dar unidad a la persona, cuerpo y alma, ayudándola a evitar el pecado y a acrecer la intimidad con el Señor. San Agustín, que conocía bien sus propias inclinaciones negativas y las definía "retorcidísima y enredadísima complicación de nudos" (Confesiones, II, 10.18), en su tratado La utilidad del ayuno, escribía: "Yo sufro, es verdad, para que Él me perdone; yo me castigo para que Él me socorra, para que yo sea agradable a sus ojos, para gustar su dulzura" (Sermo 400, 3, 3: PL 40, 708). Privarse del alimento material que nutre el cuerpo facilita una disposición interior a escuchar a Cristo y a nutrirse de su palabra de salvación. Con el ayuno y la oración Le permitimos que venga a saciar el hambre más profunda que experimentamos en lo íntimo de nuestro corazón: el hambre y la sed de Dios.

Al mismo tiempo, el ayuno nos ayuda a tomar conciencia de la situación en la que viven muchos de nuestros hermanos. En su Primera carta San Juan nos pone en guardia: "Si alguno que posee bienes del mundo, ve a su hermano que está necesitado y le cierra sus entrañas, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?" (3,17). Ayunar por voluntad propia nos ayuda a cultivar el estilo del Buen Samaritano, que se inclina y socorre al hermano que sufre (cfr. encíclica Deus caritas est, 15). Al escoger libremente privarnos de algo para ayudar a los demás, demostramos concretamente que el prójimo que pasa dificultades no nos es extraño. Precisamente para mantener viva esta actitud de acogida y atención hacia los hermanos, animo a las parroquias y demás comunidades a intensificar durante la Cuaresma la práctica del ayuno personal y comunitario, cuidando asimismo la escucha de la Palabra de Dios, la oración y la limosna. Este fue, desde el principio, el estilo de la comunidad cristiana, en la que se hacían colectas especiales (cfr. 2Co 8-9; Rm 15, 25-27), y se invitaba a los fieles a dar a los pobres lo que, gracias al ayuno, se había recogido (cfr. Didascalia Ap., V, 20,18). También hoy hay que redescubrir esta práctica y promoverla, especialmente durante el tiempo litúrgico cuaresmal.

Lo que he dicho muestra con gran claridad que el ayuno representa una práctica ascética importante, un arma espiritual para luchar contra cualquier posible apego desordenado a nosotros mismos. Privarnos por voluntad propia del placer del alimento y de otros bienes materiales, ayuda al discípulo de Cristo a controlar los apetitos de la naturaleza debilitada por el pecado original, cuyos efectos negativos afectan a toda la personalidad humana. Oportunamente, un antiguo himno litúrgico cuaresmal exhorta: "Utamur ergo parcius, / verbis, cibis et potibus, / somno, iocis et arctius / perstemus in custodia - Usemos de manera más sobria las palabras, los alimentos y bebidas, el sueño y los juegos, y permanezcamos vigilantes, con mayor atención".

Queridos hermanos y hermanas, bien mirado el ayuno tiene como último fin ayudarnos a cada uno de nosotros, como escribía el Siervo de Dios el Papa Juan Pablo II, a hacer don total de uno mismo a Dios (cfr. encíclica Veritatis Splendor, 21). Por lo tanto, que en cada familia y comunidad cristiana se valore la Cuaresma para alejar todo lo que distrae el espíritu y para intensificar lo que alimenta el alma y la abre al amor de Dios y del prójimo. Pienso, especialmente, en un mayor empeño en la oración, en la lectio divina, en el Sacramento de la Reconciliación y en la activa participación en la Eucaristía, sobre todo en la Santa Misa dominical. Con esta disposición interior entremos en el clima penitencial de la Cuaresma. Que nos acompañe la Beata Virgen María, Causa nostræ laetitiæ, y nos sostenga en el esfuerzo por liberar nuestro corazón de la esclavitud del pecado para que se convierta cada vez más en "tabernáculo viviente de Dios". Con este deseo, asegurando mis oraciones para que cada creyente y cada comunidad eclesial recorra un provechoso itinerario cuaresmal, os imparto de corazón a todos la Bendición Apostólica.

Vaticano, 11 de diciembre de 2008

BENEDICTUS PP. XVI

[Traducción del original italiano distribuida por la Santa Sede

© Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana]

Sunday, February 1, 2009

Teología de la Comunicación



Hacia el espíritu de la Red Informática de la Iglesia en América Latina
Por monseñor Guillermo Ortiz Mondragón

CIUDAD DE MÉXICO, sábado, 31 de enero de 2009 (ZENIT.org).- Publicamos una intervención de monseñor Guillermo Ortiz Mondragón, obispo de Cuautitlán (México), presidente de la Sección Nuevas Tecnologías del Departamento de Comunicación del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) con el título "Hacia el espíritu de la Red Informática de la Iglesia en América Latina (RIIAL)".
* * *

Cuando ingresé a la Conferencia del Episcopado Mexicano, como obispo auxiliar de la Arquidiócesis de México, fui invitado por mis hermanos en este ministerio para atender la Comisión Episcopal de Comunicación Social. Fue una experiencia a la que me lancé sin la conciencia suficiente sobre lo que esto significaba, porque no lo esperaba. Yo deseaba otra participación. Poco a poco me fui dando cuenta que el Señor me había preparado para atender este servicio. De modo que me avoqué a conocer, a vivir con entusiasmo este quehacer. Poco tenía, y sigo careciendo, de preparación técnica para el uso de los medios electrónicos. He aprendido lo mínimo, que se me hace mucho, de lo que es necesario. Pero descubrí la RIIAL. La entendí como un proyecto técnico. Al contacto con Mons. Planas, y la Dra. Leticia Soberón y, sobre todo, al vivir el Congreso de Iglesia e Informática organizado por el Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, viendo y escuchando entendí un poco más. La experiencia de Aparecida me dio la oportunidad de reflexionar como Iglesia Latinoamericana el tema de las Comunicaciones Sociales. La experiencia que me llevó más adelante en el camino de comprensión fue el Encuentro de Tegucigalpa.

Vengo hoy, aquí, con ustedes, como un discípulo más del Señor, no con la intención de enseñar, sino de compartir "lo que a mi vez he recibido". Quiero ante ustedes ser testigo de la presencia amorosa de Dios en medio de nosotros, de su acción constante a través de su Espíritu para unirnos a Jesús, Hijo Amado del Padre para ser con Él testigos de la Verdad y caminar hacia el cumplimiento de la voluntad de Aquél que nos ha dado la vida y nos promete la vida eterna.

Teología de la Comunicación
"Dios Padre sale de sí, por así decirlo, para llamarnos a participar de su vida y de su gloria" (DAp 129).

"En estos últimos tiempos, nos ha hablado por medio de Jesús su Hijo (Heb 1, 1 ss)" (DAp 130).

"Con la parábola de la Vid y los Sarmientos, (cfr. Jn 15, 1-8), Jesús revela el tipo de vinculación que Él ofrece y que espera de los suyos... Jesús quiere que el discípulo se vincule a Él como ‘amigo' y como ‘hermano'. El amigo ingresa a su Vida haciéndola propia... El hermano de Jesús (cfr. Jn 20, 17) participa de la vida del Resucitado" (DAp 132).

"La gran novedad que la Iglesia anuncia al mundo es que Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, la Palabra y la Vida, vino al mundo a hacernos ‘partícipes de la naturaleza divina' (2Pe 1, 4), a participarnos de su propia vida. Es la vida trinitaria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, la vida eterna. Su misión es manifestar el inmenso amor del Padre, que quiere que seamos hijos suyos. El anuncio del kerigma invita a tomar conciencia de ese amor vivificador de Dios que se nos ofrece en Cristo muerto y resucitado. Es lo primero que necesitamos anunciar y también escuchar, porque la gracia tiene un primado absoluto en la vida cristiana y en toda la actividad evangelizadora de la Iglesia: ‘Por la gracia de Dios soy lo que soy' (1Cor 15, 10)". DAp 348

Estas breves citas de Aparecida expresan de manera más clara lo que yo pudiera decirles, que Dios es comunicación en sí mismo, sale de sí para encontrarnos; toma la iniciativa para estar cerca de nosotros y crear ante todo una relación íntima, una Alianza que dure para siempre. Nos respeta y nos da la libertad para responder. Y si nosotros hoy estamos en la Iglesia y si nos vemos encaminados a este servicio de la evangelización es por pura gracia. Les invito a agradecer este primer don del Padre, estar aquí.

Antropología de la Comunicación
"Bendecimos a Dios por la dignidad de la persona humana, creada a su imagen y semejanza. Nos ha creado libres y nos ha hecho sujetos de derechos y deberes en medio de la creación. Le agradecemos por asociarnos al perfeccionamiento del mundo, dándonos inteligencia y capacidad para amar; por la dignidad, que recibimos también como tarea que debemos proteger, cultivar y promover. Lo bendecimos por el don de la fe que nos permite vivir en alianza con Él hasta compartir la vida eterna..." (DAP 104).

"Damos gracias a Dios que nos ha dado el don de la palabra, con la cual nos podemos comunicar con Él por medio de su Hijo, que es su Palabra (cf. Jn 1,1), y entre nosotros. Damos gracias a Él que por su gran amor nos ha hablado como amigos (cf. Jn 15, 14-15)." (DAp 25).

Nosotros somos imagen y semejanza de Dios, tenemos muchas riquezas y cualidades, tenemos el don de la libertad y de la comunicación que hemos de cultivar junto con todas las demás, pero que de entrada nos llevan al encuentro con Dios, con nuestros hermanos y con nosotros mismos. Este encuentro es siempre un proceso, que se inicia en un momento pero que permanece toda la existencia. Un elemento fundamental, medular, es el hecho de la comunicación. Así como no podemos decir que nos conocemos si no dialogamos, de la misma manera no podemos decir que formamos la comunidad que Cristo quiere de nosotros si no nos revelamos y nos entregamos al otro, en el proceso que brota de la Palabra hecha Carne. Al crearnos Dios nos prepara para vivir en alianza. En su Hijo Jesucristo, bajo la acción del Espíritu Santo esta Alianza se hace divina y humana, se hace eterna y siempre nueva. Se hace Eucaristía. Nuestra capacidad de comunicación, como los demás elementos de nuestra identidad, no son un añadido, son la realidad fundamental de nuestro ser imagen y semejanza de Dios.

"El deseo de estar en contacto y el instinto de comunicación, que parecen darse por descontados en la cultura contemporánea, son en el fondo manifestaciones modernas de la tendencia fundamental y constante del ser humano a ir más allá de sí mismo para entrar en relación con los demás. En realidad, cuando nos abrimos a los demás, realizamos una de nuestras más profundas aspiraciones y nos hacemos más plenamente humanos. En efecto, amar es aquello para lo que hemos sido concebidos por el Creador. Naturalmente, no hablo de relaciones pasajeras y superficiales; hablo del verdadero amor, que es el centro de la enseñanza moral de Jesús: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas", y "amarás a tu prójimo como a ti mismo" (cf. Mc 12, 30-31). Con esta luz, al reflexionar sobre el significado de las nuevas tecnologías, es importante considerar no sólo su indudable capacidad de favorecer el contacto entre las personas, sino también la calidad de los contenidos que se deben poner en circulación. Deseo animar a todas las personas de buena voluntad, y que trabajan en el mundo emergente de la comunicación digital, para que se comprometan a promover una cultura de respeto, diálogo y amistad". (Mensaje del Papa Benedicto XVI para la XLIII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales). Es la voz del Papa para nosotros, en primer lugar, como miembros de la RIIAL.

La Misión de la Iglesia y la Comunicación
El Papa, en el último párrafo de este mensaje señala algo fundamental en la Misión de la Iglesia, que hemos de hacer vida a través de los medios electrónicos. Aunque se dirige a los jóvenes, podemos tomarlo para nosotros en la medida que por interés personal, por llamado del mismo Cristo, queremos participar en la Misión de la Iglesia a través de los medios que los jóvenes están descubriendo, creando y actuando: "Haceos cargo con entusiasmo del anuncio del Evangelio a vuestros coetáneos. Vosotros conocéis sus temores y sus esperanzas, sus entusiasmos y sus desilusiones. El don más valioso que les podéis ofrecer es compartir con ellos la ‘buena noticia' de un Dios que se hizo hombre, padeció, murió y resucitó para salvar a la humanidad. El corazón humano anhela un mundo en el que reine el amor, donde los bienes sean compartidos, donde se edifique la unidad, donde la libertad encuentre su propio sentido en la verdad y donde la identidad de cada uno se logre en una comunión respetuosa. La fe puede dar respuesta a estas aspiraciones: ¡sed sus mensajeros! El Papa está junto a vosotros con su oración y con su bendición" (Ibid).

Este es el anuncio que deseo darles. No podemos tener otro motivo, otra razón de ser en nuestro trabajo en la RIIAL que éste, anunciar la gran riqueza que hemos encontrado, a Jesús vivo, que ha muerto y ha resucitado por nosotros. Ir al encuentro de los demás en el espíritu de comunión y de misión propio de la Iglesia, nacida del hecho comunicativo divino que en Cristo se hace humano. 

Anteponer la espiritualidad de comunión a la tecnología no merma la importancia de ésta, sino que la fortalece y la lleva a su sentido pleno. La tecnología al servicio de la persona, es el encausamiento de la vida humana a la vocación divina.

La RIIAL
En el contexto que estamos viviendo, vemos con alegría la gran intuición de quienes iniciaron este camino que ahora permanece, la Red Informática de la Iglesia en América Latina. No es una institución, no es un club de amigos, no es un espacio de capacitación, es una expresión de la Iglesia que es rica y que está viva. Tiene dinamismo capaz, la Iglesia, de superar toda adversidad. Si nos preguntamos por qué persiste o, antes, por qué existe, tendremos que responder, porque la Iglesia es Comunión, y en el núcleo de su misión, que es el hecho teológico y antropológico de la comunicación, está el sentido de la Red, de la comunión.

Para que Dios llegara a nosotros, quiso elegir el camino más humano, que es el de la comunicación a través de su Palabra; una Palabra que fuera clara para nosotros, que invitara al encuentro y, del encuentro, a la comunión. No podemos tener otra línea que inspire la vocación y misión de cada uno de los que estamos en la RIIAL.

¿Para qué la tecnología? ¿Para qué los avances en la cibernética? Para encontrarnos como hermanos y construir la Comunión. ¿Para qué la Comunión? Para poder anunciar con certeza y claridad a Jesucristo muerto y resucitado. Y podríamos preguntarnos todavía más, ¿Para qué todo esto? Para que tengamos Vida en Cristo. Para compartir la Vida en Cristo.

Por eso en la finalidad de la RIIAL está no una competencia tecnológica, sino un camino de comunión para llegar a los más pobres. La riqueza que hemos alcanzado en las distintas diócesis, unas más otras menos, pero gran riqueza, viendo globalmente nuestro país, nos pide abrir el espacio de manera más decidida a la comunión. De la comunión tomar fortaleza testimonial para anunciar el kerigma, participar activamente en la Misión Continental y más por este sentido, que es la oración de Jesús, que por la eficacia técnica, alcanzar el cometido de Jesús. "Padre, que todos sean uno para que el mundo crea".

Recordemos que cuando dialogamos, podemos cometer errores. Si no formulamos bien el contenido de la comunicación; si el medio no es adecuado, puede llegar a nuestro perceptor un error, no un mensaje verdadero. Cuando no queremos comunicar toda la verdad, porque intencionalmente manipulamos el contenido, o distorsionamos la realidad, dañamos el proceso de la comunicación, dañamos el sentido del encuentro humano, bloqueamos el flujo de la comunión; esto implica ya un aspecto ético. La comunicación interna en la comunidad eclesial ha de ser en la verdad, que implica la claridad de intención, de definición y de expresión en los medios adecuados; el fruto será la comunión y de ésta surgirá el anuncio.

"Estáis comprometidos, soy bien consciente, en una tarea cada vez más exigente, en la que los espacios de libertad son a menudo amenazados, y los intereses económicos y políticos tienen a menudo preeminencia sobre el espíritu de servicio y sobre el criterio del bien común. Os exhorto a no ceder a compromisos en valores tan importantes, sino a tener el valor de la coherencia, incluso a riesgo de pagarlo en persona: la serenidad de la conciencia no tiene precio" (Discurso a la UCSI en su L Aniversario).

Si en la comunicación hay libertad, habrá verdad, si hay verdad y libertad llegaremos a la auténtica comunión en Cristo. 

Termino mi reflexión con las palabras del Papa en su mensaje: "La amistad es un gran bien para las personas, pero se vaciaría de sentido si fuese considerado como un fin en sí mismo. Los amigos deben sostenerse y animarse mutuamente para desarrollar sus capacidades y talentos, y para poner éstos al servicio de la comunidad humana. En este contexto es alentador ver surgir nuevas redes digitales que tratan de promover la solidaridad humana, la paz y la justicia, los derechos humanos, el respeto por la vida y el bien de la creación. Estas redes pueden facilitar formas de cooperación entre pueblos de diversos contextos geográficos y culturales, permitiéndoles profundizar en la humanidad común y en el sentido de corresponsabilidad para el bien de todos. Pero se ha de procurar que el mundo digital en el que se crean esas redes sea realmente accesible a todos. Sería un grave daño para el futuro de la humanidad si los nuevos instrumentos de comunicación, que permiten compartir saber e información de modo más veloz y eficaz, no fueran accesibles a quienes ya están social y económicamente marginados, o si contribuyeran tan sólo a acrecentar la distancia que separa a los pobres de las nuevas redes que se desarrollan al servicio de la información y la socialización humana".

Invito a todos, queridos hermanos, a realizar los esfuerzos necesarios para crecer en comunión a partir de la generosa actitud de compartir los bienes, de modo que nadie pase necesidad, respecto al uso de los medios de comunicación social. A crecer más en la creatividad comunitaria, para abordar los desafíos de la Nueva Evangelización en nuestro país. Que todos, especialmente los más pobres, puedan participar del banquete de la vida a través del servicio que podamos realizar a través de esta red de vida nueva, que es Cristo.
Que "el que habla como águila", Cuauhtlatoatzin, el que acogió la Palabra de Vida y bajo el cuidado amoroso y la orientación de la Dulce Señora del Cielo la anunció, nos acompañe en este trabajo. Juan Diego nos guíe por los caminos nuevos que no conocemos, los de la Iglesia, para cumplir el mandato de María, "hagan lo que Él les diga".