Monday, December 22, 2008

Benedicto XVI: Navidad, una fiesta de dimensiones cósmicas

Benedicto XVI: Navidad, una fiesta de dimensiones cósmicas
Intervención con motivo del Ángelus

CIUDAD DEL VATICANO, domingo 21 de diciembre de 2008 (ZENIT.org).- Publicamos las palabras que dirigió Benedicto XVI este domingo a mediodía al rezar la oración mariana del Ángelus desde la ventana de su estudio junto a los miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano.

******

Queridos hermanos y hermanas,

El Evangelio de este cuarto domingo de Adviento nos vuelve a proponer el relato de la Anunciación (Lc 1,26-38), el misterio al que volvemos cada día al recitar el Angelus. Esta oración nos hace revivir el momento decisivo en el que Dios llamó al corazón de María y, al recibir su “sí”, comenzó a tomar carne en ella. La oración “Colecta” de la misa de hoy es la misma que se recita al final del Angelus y, en italiano, dice así: “Derrama, Señor, tu gracia en nuestras almas, para que los que por el anuncio del ángel hemos conocido la encarnación de tu Hijo Jesucristo, por su pasión y su cruz seamos llevados a la gloria de su resurrección”. A pocos días ya de la fiesta de Navidad, se nos invita a dirigir la mirada al misterio inefable que María ha custodiado durante nueve meses en su seno virginal: el misterio de Dios que se hace hombre. Y esta es la primera clave de la redención. La segunda es la muerte y resurrección de Jesús, y estas dos claves inseparables manifiestan un único diseño divino: salvar a la humanidad y a su historia asumiéndolas hasta el final haciéndose cargo enteramente de todo el mal que nos oprime.

Este misterio de salvación, además de la histórica, tiene una dimensión cósmica: Cristo es el sol de gracia que, con su luz, “transfigura y enciende el universo en espera” (Liturgia). La misma colocación de la fiesta de Navidad está ligada al solsticio de invierno, cuando las jornadas, en el hemisferio boreal, vuelven a empezar a alargarse. A propósito de esto, quizás no todos saben que la Plaza de San Pedro es también una meridiana: el gran obelisco, de hecho, arroja su sombra a lo largo de una línea que recorre el empedrado hacia la fuente que está bajo esta ventana, y en estos días la sombra es la más larga del año. Esto nos recuerda la función de la astronomía para determinar los tiempos de la oración El Angelus, por ejemplo, se recita por la mañana, a mediodía y por la noche, y con la meridiana, que antiguamente servía precisamente para conocer el “mediodía verdadero”, se regulaban los relojes.

El hecho de que precisamente hoy, a esta hora, cae el solsticio de invierno, me ofrece la oportunidad de saludar a todos aquellos que participarán en diverso grado en las iniciativas del año mundial de la astronomía, el 2009, en el que se cumple el 4º centenario de las primeras observaciones al telescopio de Galileo Galilei. Entre mis predecesores de venerada memoria ha habido cultivadores de esta ciencia, como Silvestre II, que la enseñó, Gregorio XIII, a quien debemos nuestro calendario, y san Pío X, que sabía construir relojes solares. Si los cielos, según las bellas palabras del salmista, “narran la gloria de Dios” (Sal 19[18],2), también las leyes de la naturaleza, que en el transcurso de los siglos tantos hombres y mujeres de ciencia nos han hecho entender cada vez mejor, son un gran estímulo para contemplar con gratitud las obras del Creador.

Volvamos ahora la mirada a María y José, que esperan el nacimiento de Jesús, y aprendamos de ellos el secreto del recogimiento para gustar la alegría de la Navidad. Preparémonos a acoger con fe al Redentor que viene a estar con nosotros. Palabra e amor de Dios para la humanidad de todo tiempo.

[Después del Ángelus, a los peregrinos de lengua española]

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española. El Evangelio que se ha proclamado en este cuarto domingo de Adviento nos presenta la escena de la Anunciación del Arcángel Gabriel, en la que mediante el fiat de María, el Verbo eterno se hizo carne en su seno virginal. Pongamos a la Santísima Virgen como intercesora en estos últimos días de preparación para la Navidad. Que ella nos alcance la gracia de estar bien dispuestos para recibir al Niño-Dios en nuestras vidas. Muchas gracias y feliz domingo.

Friday, December 19, 2008

Tercera predicación de Adviento del Predicador del Papa A Benedicto XVI y a la Curia Romana

Tercera predicación de Adviento del Predicador del Papa
A Benedicto XVI y a la Curia Romana


[HERMANOS: ESTE POSTING ES UN POCO LARGO PERO CREO QUE VALE LA PENA... El padre Cantalamessa es increible.]


CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 19 de diciembre de 2008 (ZENIT.org).- Publicamos la tercera predicación de Adviento a la Curia Romana que, en presencia de Benedicto XVI, ha pronunciado el padre Raniero Cantalamessa, OFM Cap., predicador de la Casa Pontificia, en la capilla "Redemptoris Mater" del palacio apostólico del Vaticano.



* * *



Tercera predicación de Adviento

"Cuando llegó la plenitud de los tiempos Dios

envió a su Hijo nacido de una mujer"



1. Pablo y el dogma de la encarnación

Pongamos en primer lugar, también esta vez, el pasaje paulino sobre el que vamos a meditar:

"Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibiéramos la filiación adoptiva. La prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abbá, Padre! De modo que ya no eres esclavo sino hijo; y si hijo, también heredero por voluntad de Dios" (Gal 4, 4-7).

Escucharemos a menudo este pasaje en el tiempo navideño, comenzando por las Primeras Vísperas de la solemnidad de Navidad. Digamos ante todo algo sobre las implicaciones teológicas de este texto. Es el pasaje que más se acerca, en el corpus paulino, a la idea de preexistencia y de encarnación. La idea de "envío" ("Dios mandó, exapesteilen, a su Hijo") se pone en paralelo con el envío del Espíritu del que se habla dos versículos después y recuerda lo que en el Antiguo Testamento se dice del envío de la Sabiduría y del santo Espíritu sobre el mundo por parte de Dios (Sab 9, 10.17). Estos acercamientos indican que no se trata de un envío "desde la tierra", como en el caso de los profetas, sino "desde el cielo".

La idea de la preexistencia del Cristo está implícita en los textos paulinos en los que se habla de una función de Cristo en la creación del mundo (1 Cor 8,6; Col 1, 15-16) y cuando Pablo dice que la roca que seguía al pueblo en el desierto era Cristo (1 Cor 10,4). La idea de la encarnación, a su vez, es subyacente en el himno cristológico de Filipenses, 2: "El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios. Sino que se despojó de sí mismo, tomando condición de siervo".

A pesar de esto, hay que admitir que preexistencia y encarnación en Pablo son verdades en gestación, que aún no han llegado a su formulación plena. El motivo es que el centro de interés y el punto de partida de todo es para él el misterio pascual, es decir, lo realizado, más que la persona del Salvador. Lo contrario de Juan, para quien el punto de partida y el epicentro de la atención es precisamente la preexistencia y la encarnación.

Se trata de dos "vías" o recorridos distintos, en el descubrimiento de quién es Jesucristo: uno, el de Pablo, parte de la humanidad para llegar a la divinidad, de la carne para llegar al Espíritu, de la historia de Cristo, para llegar a la preexistencia de Cristo; el otro, el de Juan, sigue el camino inverso: parte de la divinidad del Verbo para llegar a su existencia en el tiempo; una pone como bisagra entre las dos fases la resurrección de Cristo, y la otra ve el paso de un estado al otro en la encarnación.

Apenas se pasa a la época sucesiva, ambas vías tienden a consolidarse dando lugar a dos modelos o arquetipos y finalmente a dos escuelas cristológicas: la escuela de Antioquía que se refiere preferentemente a Pablo, y la escuela de Alejandría, que se refiere con preferencia a Juan. Ninguno de los seguidores de una u otra vía tiene conciencia de elegir entre Pablo y Juan; ambos están seguros de tenerlos de su parte. Esto es cierto, pero es un hecho que las dos influencias persisten visibles y distinguibles como dos ríos que, aun confluyendo juntos, siguen distinguiéndose por el color distinto de sus aguas respectivas.

Esta diferenciación se refleja por ejemplo en la forma diversa con que se interpreta, en las dos escuelas, la kenosis de Cristo de Filipenses 2. Hasta el siglo II-III se delinean, en este texto, dos lecturas diversas que se vuelven a encontrar también en la exégesis moderna. Según la escuela de Alejandría, el sujeto inicial del himno es el Hijo de Dios preexistente en la forma de Dios. La kenosis por eso, en este caso, consistiría en la encarnación, en el hacerse hombre. Según la interpretación dominante en la escuela de Antioquía, el sujeto único del himno desde el principio hasta el final es el Cristo histórico, Jesús de Nazaret. En este caso la kenosis consistiría en el abajamiento inherente a su hacerse siervo, en someterse a la pasión y a la muerte.

La diferencia entre ambas escuelas no es tanto que algunos sigan a Pablo y otros a Juan, sino que algunos interpretan a Juan a la luz de Pablo y otros interpretan a Pablo a la luz de Juan. La diferencia está en el esquema, o en la perspectiva de fondo, que se adopta para ilustrar el misterio de Cristo. En la confrontación entre ambas escuelas podemos decir que se han formado las líneas maestras del dogma y de la teología de la Iglesia, que han permanecido activas hasta ahora.

2. Nacido de mujer

El relativo silencio sobre la encarnación comporta, en Pablo, un silencio casi total sobre María, la Madre del Verbo encarnado. El inciso "nacido de una mujer" (factum sub muliere) de nuestro texto es la alusión más explícita que se tiene de María en el corpus paulino. Esta es el equivalente de la otra expresión: "nacido del linaje de David según la carne", "factum ex semine David secundum carnem" (Rom 1,3).

Aún escueta,, sin embargo, esta afirmación de Pablo es importantísima. Esta fue uno de los puntos clave en la lucha contra el docetismo gnóstico, desde el siglo II en adelante. Dice de hecho que Jesús no es una aparición celeste; gracias a su nacimiento de una mujer, él está inserto plenamente en la humanidad y en la historia, "del todo semejante a los hombres" (Fl 2, 7). "¿Por qué decimos que Cristo es hombre, escribe Tertuliano, sino porque nació de María, que es una criatura humana?". Pensándolo bien, "nacido de una mujer" es más adecuado para expresar la verdadera humanidad de Cristo que no el título "hijo del hombre". En sentido literal, Jesús no es hijo del hombre, no ha tenido por padre a un hombre, pero sí es realmente "hijo de la mujer".

El texto paulino estará también en el centro del debate sobre el título de Madre de Dios (theotokos) en las disputas cristológicas posteriores, lo que explica por qué la liturgia nos lo hace escuchar en la segunda lectura de la misa de la Solemnidad de María Santísima Madre de Dios, el 1 de enero.

Hay que resaltar un dato. Si Pablo hubiera dicho: "nacido de María", se habría tratado sólo de un detalle biográfico; habiendo dicho "nacido de una mujer", ha dado a su afirmación un carácter universal e inmenso. Es la mujer misma, toda mujer, la que ha sido elevada en María a tan increíble altura. María es aquí la mujer por antonomasia.

3. "¿En qué me afecta a mí que Cristo haya nacido de María?"

Estamos meditando el texto paulino ante la inminente Navidad y en el espíritu de la lectio divina. Por ello, no podemos detenernos mucho en el dato exegético, sino que tras haber contemplado la verdad teológica contenida en el texto, debemos extraer de él enseñanzas para nuestra vida espiritual, iluminando el "para mí" de la palabra de Dios.

Una frase de Orígenes, retomada por san Agustín, san Bernardo, Lutero y otros, dice: "¿Qué me aprovecha a mí que Cristo haya nacido una vez de María en Belén, si no nace también por fe en mi alma?". La maternidad divina de María se realiza en dos planos: en un plano físico y en un plano espiritual. María es la Madre de Dios no sólo porque le ha llevado físicamente en el seno, sino también porque le ha concebido antes en el corazón, con la fe. No podemos, naturalmente, imitar a María en el primer sentido, engendrando de nuevo a Cristo, pero podemos imitarla en el segundo sentido, que es el de la fe. Jesús mismo comenzó esta aplicación a la Iglesia del título de "Madre de Cristo", cuando declaró: "Mi madre y mis hermanos son aquellos que oyen la Palabra de Dios y la cumplen" (Lc 8, 21; cf. Mc 3, 31 s; Mt 12, 49).

En la tradición, esta verdad ha conocido dos niveles de aplicación complementarios entre ellos, uno de tipo pastoral y el otro de tipo espiritual. En un caso, se ve realizada esta maternidad de la Iglesia en su conjunto en cuanto "sacramento universal de salvación"; en el otro, se realiza en cada persona o alma que cree.

Un escritor de la Edad Media, el Beato Isaac del monasterio de Stella, hizo una especie de síntesis de todos estos motivos. En una homilía famosa que leímos en la Liturgia de las Horas del pasado sábado, escribe: "María y la Iglesia son una madre y y varias madres; una virgen y muchas vírgenes. Ambas son madres y ambas vírgenes... por todo ello, en las Escrituras divinamente inspiradas, se entiende con razón como dicho en singular de la virgen madre María lo que en términos universales se dice de la virgen madre Iglesia, y se entiende como dicho de la virgen madre Iglesia en general lo que en especial se dice de la virgen madre María... también se considera con razón a cada alma fiel como esposa del Verbo de Dios, madre de Cristo, hija y hermana, virgen y madre fecunda" (Discurso 51).

El Con­cilio Vaticano II se pone en la primera perspectiva cuando escribe: "La Iglesia... se convierte también en madre, ya que con la predicación y el bautismo genera en una vida nueva e inmortal a sus hijos, concebidos por obra del Espíritu santo y nacidos de Dios" (Lumen gentium 64).

Nos concentramos en la aplicación personal a cada alma: "Toda alma que cree, escribe san Ambrosio, concibe y engendra al Verbo de Dios... Si según la carne una sola es la Madre de Cristo, según la fe, todas las almas engendran a Cristo cuando acogen la Palabra de Dios" (Exposición del Evangelio según san Lucas, II, 26). Le hace eco otro padre de oriente: "Cristo nace siempre místicamente en el alma, tomando carne de aquellos que se salvan y haciendo del alma que lo engendra una madre virgen" (Máximo Confesor, Comentario al Padrenuestro).

Cómo uno se convierte concretamente en madre de Jesús, nos lo indica él mismo en el Evangelio: escuchando la Palabra y poniéndola en práctica(cf. Lc 8,21; Mc 3, 31 s.; Mt 12,49). Reconsideremos, para comprenderlo, cómo se convirtió María en madre: concibiendo a Jesús y pariéndolo. En la Escritura vemos subrayados estos dos momentos: "La Virgen concebirá y dará a luz un hijo", se lee en Isaías, y "Concebirás y darás a luz a un Hijo", dice el ángel a María.

Hay dos maternidades incompletas o dos tipos de interrupción de la maternidad. Una es antigua y conocida, el aborto. Éste sucede cuando se concibe una vida pero no se da a luz, porque en el entretanto, por causas naturales o por el pecado del hombre, el feto está muerto. Hasta hace poco tiempo, este aborto era el único caso que se conocía de maternidad incompleta. Hoy se conoce otro que consiste, al contrario, en parir un hijo sin haberlo concebido. Sucede en el caso de los hijos concebidos en probeta e insertados, en un segundo momento, en el seno de una mujer, y en el caso del útero prestado para hospedar, incluso pagando, vidas humanas concebidas en otro lugar. En este caso, lo que la mujer da a luz no viene de ella, no es concebido "antes en el corazón que en el cuerpo".

Por desgracia, también en el plano espiritual existen estas dos tristes posibilidades de maternidad incompleta. Concibe Jesús sin darlo a luz quien acoge la Palabra sin ponerla en práctica, quien sigue haciendo un aborto espiritual tras otro, formulando propósitos de conversión que son sistemáticamente olvidados y abandonados a mitad camino; quien se comporta ante la Palabra como el observador apresurado que mira su cara en el espejo y después se olvida en seguida de cómo era (cf. St 1, 23-24). En suma, quien tiene fe pero no tiene obras.

Da a luz en cambio a Cristo sin haberlo concebido quien hace tantas obras, incluso buenas, pero que no vienen del corazón, del amor a Dios y de la recta intención, sino de la costumbre, de la hipocresía, de la búsqueda de su propia gloria y de su propio interés, o sencillamente de la satisfacción que da el hacer. En suma, el que tiene obras pero no tiene fe.

San Francisco de Asís tiene una palabra que resume, en positivo, en qué consiste la verdadera maternidad de Cristo: "Somos madres de Cristo - dice - cuando lo llevamos en el corazón y en el cuerpo por medio del amor divino y de la pura y sincera conciencia; lo engendramos a través de las obras santas, que deben resplandecer ante los demás como ejemplo... Oh, qué santo y querido, agradable, humilde, pacífico, dulce, amable y deseable sobre toda otra cosa, tener un hermano y un hijo semejante, nuestro Señor Jesucristo" (Carta a los fieles, 1). Nosotros -quiere decir el santo- concebimos a Cristo cuando lo amamos con sincero corazón y con conciencia recta, y lo damos a luz cuando realizamos obras santas que lo manifiestan al mundo.

4. Las dos fiestas del Niño Jesús

San Buenaventura, discípulo e hijo del Pobrecito, recogió y desarrolló este pensamiento en un opúsculo titulado "Las cinco fiestas del Niño Jesús". En la introducción al libro, relata como un día, mientras estaba de retiro en el monte Verna, le vino a la mente lo que dicen los Santos Padres, o sea, que el alma devota de Dios, por gracia del Espíritu Santo y el poder del Altísimo, puede concebir espiritualmente al Verbo bendito y al Hijo Unigénito del Padre, parirlo, ponerle nombre, buscarlo y adorarlo con los Magos y finalmente presentarlo felizmente a Dios Padre en su templo.

De estos cinco momentos, o fiestas del Niño Jesús, que el alma debe revivir, nos interesan sobre todo las dos primeras: la concepción y el nacimiento. Para san Buenaventura, el alma concibe a Jesús cuando, descontenta con la vida que lleva, estimulada por inspiraciones santas e inflamada de ardor santo, cansada de sus viejas costumbres y defectos, es como fecundada espiritualmente por la gracia del Espíritu Santo y concibe el propósito de una vida nueva. ¿Ha tenido lugar la concepción de Cristo!

Una vez concebido, el bendito Hijo de Dios nace en el corazón, siempre que, tras haber hecho un sano discernimiento, pedido oportuno consejo, invocado la ayuda de Dios, el alma pone inmediatamente por obra su santo propósito, comenzando a realizar lo que desde hacía tiempo estaba madurando, pero que había dejado para más adelante por miedo a lo ser capaz de ello.

Pero es necesario insistir en una cosa: este propósito de vida debe traducirse, sin duda, en algo concreto, en un cambio, posiblemente también externo y visible, de nuestra vida y costumbres. Si el propósito no se pone en práctica, Jesús ha sido concebido pero no dado a luz. Es uno de tantos abortos espirituales. No se celebrará nunca la "segunda fiesta" del Niño Jesús que es la Navidad. Es uno de tantos casos que son una de las razones principales por las que tan pocos llegan a santos.

Si decides cambiar de estilo de vida y entrar a formar parte de esa categoría de pobres y humildes, que como María buscan solo encontrar gracia ante Dios, sin importarle agradar a otros hombres, entonces, escribe san Buenaventura, debes armarte de valor, porque te hará falta. Deberás afrontar dos tipos de tentación. Se te presentarán ante todo los hombres carnales de tu ambiente y te dirán: "Es demasiado duro lo que pretendes, no lo conseguirás, te faltarán las fuerzas, perderás la salud; estas cosas no se adecuan a tu estado, comprometes tu buen nombre y la dignidad de tu cargo"....

Superado este obstáculo, se presentarán otros con fama de ser, o incluso que son de hecho, personas pías y religiosas, pero que no creen verdaderamente en el poder de Dios y de su Espíritu. Estas te dirán que, si empiezas a vivir de esta forma -dando tanto espacio a la oración, evitando tomar parte en distracciones y habladurías inútiles, haciendo obras de caridad-, serás considerado pronto un santo, un hombre devoto y espiritual, y dado que sabes perfectamente que no lo eres, acabarás engañando a la gente y siendo un hipócrita, atrayendo sobre tí la reprobación de Dios que escruta los corazones.

A todas estas tentaciones, es necesario responder con fe: "No es demasiado corta la mano del Señor para salvar" (Is 59, 1) y, casi enfadándonos con nosotros mismos, exclamar, como Agustín en la vigilia de su conversión: "Si estos y estas pueden ¿por que yo no? Si isti et istae, cur non ego? " (Confesiones)

5. María dijo "sí"

El ejemplo de la Madre de Dios nos sugiere qué hacer en concreto para imprimir a nuestra vida espiritual este nuevo empuje, para concebir y dar a luz verdaderamente en nosotros a Jesús esta Navidad. María dijo un "sí" decidido y pleno a Dios. Se insiste mucho en el Fiat de María, en María como "la Virgen del fiat". Pero María no hablaba latín y por eso no dijo fiat, no dijo siquiera genoito, que es la palabra que encontramos, a este punto, en el texto griego de Lucas porque no hablaba griego.

Si es lícito remontarse, con pía reflexión, a la ipsissima vox, a la palabra misma que salió de la boca de María -o al menos a la palabra que estaba en la fuente judía usada por Lucas-, esta debió ser la palabra amén. Amén, palabra hebrea cuya raíz significa solidez, certeza - se usaba en la liturgia como respuesta de fe a la palabra de Dios. Cada vez que, al término de ciertos salmos, en la Vulgata se leía antes fiat, fiat , ahora en la nueva versión de los textos originales se lee: Amén, Amén. Lo mismo para la palabra griega: cada vez que en la Biblia de los Setenta se lee en esos mismos salmos génoito, génoito, el original griego lleva: Amén, amén.

Con el "amén" se reconoce lo que se ha dicho como palabra firme, estable, válida y vinculante. Su traducción exacta, como respuesta a la palabra de Dios, es: "Así sea, así sea". Indica fe y obediencia conjuntamente; reconoce que lo que Dios dice es cierto y se somete a ello. Es decir "sí" a Dios. En este sentido lo encontramos en la misma boca de Je´sus: "Si, amén, Padre, pues tal ha sido tu beneplácito" (cf. Mt 11, 26). Él es el Amén personificado: "Así habla el Amén" (Ap 3, 14) y por medio de él, añade Pablo, todo amén pronunciado en la tierra sube a Dios (cf 2 Cor l, 20).

En casi todas las lenguas humanas la palabra que expresa el consenso es un monosílabo: "sí", "ja", "yes", "oui", "tag"... La palabra más corta del vocabulario, pero aquella con que tanto los novios como los consagrados deciden su vida para siempre. También en el rito de la profesión religiosa y de la ordenación sacerdotal hay un momento en que se pronuncia un "sí".

Hay un detalle en el Amén de María que es importante señalar. En las lenguas modernas usamos el modo indicativo para señalar que algo ha sucedido o sucederá, el modo condicional para indicar algo que podría suceder en ciertas condiciones, etc.; el griego tiene un modo particular que se llama optativo. Es un modo que se usa cuando se quiere expresar deseo o impaciencia de que algo suceda. El verbo usado por Lucas, genoito, está precisamente en este modo.

San Pablo dice que "Dios ama al que da con alegría" (2 Cor 9, 7) y María dijo a Dios su "sí" con alegría. Pidámosle que nos obtenga la gracia de decir a Dios un "sí" alegre y renovado, y así concebir y dar a luz también nosotros en esta Navidad a su Hijo Jesucristo.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez]

Thursday, December 18, 2008

El Papa alienta la presencia vaticana en Internet con audio, texto y vídeo

El Papa alienta la presencia vaticana en Internet con audio, texto y vídeo

Al celebrar los 25 años del Centro Televisivo Vaticano

CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 18 diciembre 2008 (ZENIT.org).- Benedicto XVI quiere que la vida de la Iglesia, y en particular de la Santa Sede, esté presente en audio, texto y vídeo en Internet.

Fue uno de los consejos y peticiones que dejó este jueves a los directivos y dependientes del Centro Televisivo Vaticano (CTV) al recibirles junto a sus familiares en audiencia con motivo de sus 25 años de fundación.

"Hoy se habla justamente de 'convergencia' entre los diferentes medios de comunicación", reconoció el pontífice en el discurso que les dirigió.

"Las fronteras entre uno y otro se esfuman y las sinergias aumentan. Los instrumentos de la comunicación social al servicio de la Santa Sede también experimentan naturalmente esta evolución y se tienen que integrar consciente y activamente", afirmó.

El Santo Padre reconoció que la colaboración entre el CTV y Radio Vaticano siempre ha sido muy cercana, y "ha ido creciendo, pues en las transmisiones la imagen no puede ser separada del sonido".

De hecho, el CTV y la Radio Vaticana tienen ahora el mismo director, el padre Federico Lombardi, S.I., quien además es director de la Oficina de Información de la Santa Sede.

"Pero hoy Internet llama a una integración cada vez mayor de la comunicación escrita, sonora y visual, y lanza un desafío a ampliar e intensificar las formas de colaboración entre los medios de comunicación que están al servicio de la Santa Sede", afirmó el Santo Padre.

En este sentido, el Papa subrayó la importancia de la "relación positiva con el Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales, con el que os aliento a desarrollar iniciativas y profundizaciones fecundas". En estos momentos el presidente de ese Consejo vaticano es el arzobispo Claudio Maria Celli.

En sus palabras de saludo al Papa, el padre Lombardi explicó que el CTV "es una realidad de pequeñas dimensiones, pero con una gran misión", indicada por su estatuto: "contribuir al anuncio universal del Evangelio, documentando con las imágenes televisivas el ministerio pastoral del Sumo Pontífice y las actividades de la Sede Apostólica" (Estatuto, 1 de junio de 1998).

El centro, aclaró su director, no es "una estación de televisión con una programación propia, sino un centro de producción que graba y pone a disposición de las televisiones de todo el mundo las imágenes de la actividad del Santo Padre en directo o grabadas, según los casos".

De este modo, dijo, cuando en la pequeña pantalla de casa aparecen las imágenes del Papa en el Vaticano, "aunque uno esté viendo el canal del propio país "ya sea la RAI, o la Bayerische Rundfunk o la CNN, casi en la totalidad de los casos en el origen estamos nosotros, aunque esto no se dice casi nunca".

En un año, el CTV transmite en directo unos 230 acontecimientos y archiva unas dos mil horas de grabación.

El padre Lombardi agradeció la disponibilidad del Santo Padre para dejarse grabar por las cámaras del CTV en sus actividades.

"Nuestro ojo no es indiscreto --aseguró--; la imagen que difundimos quiere estar siempre al servicio coherente de su mensaje, responder a la expectativa de innumerables personas que desean escucharle y ver sus gestos, la expresión intensa, paternal y gentil de su rostro, mientras reza y mientras nos dirige la palabra. Personas que piden ser confirmadas en la fe, alentadas en su camino".

Tuesday, December 16, 2008

Análisis y propuestas de Benedicto XVI ante la crisis económica

Análisis y propuestas de Benedicto XVI ante la crisis económica

Presentadas en su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz

CIUDAD DEL VATICANO, martes 16 de diciembre de 2008 (ZENIT.org).- La obsesión de los agentes financieros por lograr elevadísimas ganancias a corto plazo es algo peligroso para todos, comenzando por los mismos interesados, denuncia Benedicto XVI.

El Papa ha hecho un análisis del papel de la finanza en el actual panorama económico en el mensaje escrito con motivo de la Jornada Mundial de la Paz (1 de enero de 2009) que en esta ocasión lleva por tema: "Combatir la pobreza, construir la paz" y que es publicado en una crisis financiera y económica global sin precedentes.

La crisis

"Una finanza restringida al corto o cortísimo plazo llega a ser peligrosa para todos, también para quien logra beneficiarse de ella durante las fases de euforia financiera", advierte el Santo Padre.

Benedicto XVI, quien considera que el combate de la pobreza debe tener en cuenta necesariamente el contexto de la globalización, no condena la finanza, es más, le atribuye un papel importante para la promoción del desarrollo.

"La función objetivamente más importante de las finanzas, el sostener a largo plazo la posibilidad de inversiones y, por tanto, el desarrollo, se manifiesta hoy muy frágil: se resiente de los efectos negativos de un sistema de intercambios financieros --en el plano nacional y global-- basado en una lógica a muy corto plazo, que busca el incremento del valor de las actividades financieras y se concentra en la gestión técnica de las diversas formas de riesgo".

Según el Papa, "la reciente crisis demuestra también que la actividad financiera está guiada a veces por criterios meramente autorrefenciales, sin consideración del bien común a largo plazo".

"La reducción de los objetivos de los operadores financieros globales a un brevísimo plazo de tiempo reduce la capacidad de las finanzas para desempeñar su función de puente entre el presente y el futuro, con vistas a sostener la creación de nuevas oportunidades de producción y de trabajo a largo plazo".

Propuestas

En este contexto, el Papa considera que es necesario un "marco jurídico eficaz para la economía" que permita "a la comunidad internacional, y en particular a los países pobres, descubrir y poner en práctica soluciones coordinadas para afrontar dichos problemas".

El Santo Padre exige "también incentivos para crear instituciones eficientes y participativas, así como ayudas para luchar contra la criminalidad y promover una cultura de la legalidad".

Ahora bien, Benedicto XVI alerta ante "las políticas marcadamente asistencialistas" por considerar que es innegable que "están en el origen de muchos fracasos en la ayuda a los países pobres".

El Papa considera que en esta búsqueda de soluciones es importante tener en cuenta el justo y necesario valor del beneficio, incluso en la "lucha contra el hambre y la pobreza absoluta".

"Desde este punto de vista, no hay que hacerse ilusiones pensando que una política de pura redistribución de la riqueza existente resuelva el problema de manera definitiva".

En efecto, señala, "el valor de la riqueza en una economía moderna depende de manera determinante de la capacidad de crear rédito presente y futuro".

Por eso, asegura, "la creación de valor resulta un vínculo ineludible, que se debe tener en cuenta si se quiere luchar de modo eficaz y duradero contra la pobreza material".

Una cuestión de valores

En la primera jornada de trabajos del último Sínodo de los Obispos (Cf. Zenit, 6 de octubre de 2008), el Papa habló de la crisis, en particular, del derrumbe de grandes bancos.

"Sobre la arena construye quien construye sólo sobre las cosas visibles y tangibles, sobre el éxito, sobre la carrera, sobre el dinero. Aparentemente estas son las verdaderas realidades. Pero todo esto un día pasará", aseguró

"Quien construye la vida sobre estas realidades, sobre la materia, sobre el éxito, sobre todo lo que parece ser, construye sobre arena", advirtió.

El mensaje de Benedicto XVI con motivo de la Jornada Mundial de la Paz fue presentado por el cardenal Renato R. Martino, presidente del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz, como un "aperitivo" de la próxima encíclica social que debería ver la luz a inicios de 2009.

Por Jesús Colina

El árbol de Navidad es símbolo de esperanza, afirma el Papa

El árbol de Navidad es símbolo de esperanza, afirma el Papa

Audiencia del Papa a los peregrinos austriacos que han donado el abeto a la Santa Sede

CIUDAD DEL VATICANO, lunes 15 de diciembre de 2008 (ZENIT.org).- "Con su forma elevada, su verde y las luces en sus ramas, el árbol de navidad es símbolo de vida que remite al misterio de la Noche Santa". Con estas palabras explicó el Papa el significado cristiano del árbol de navidad, a los peregrinos procedentes de Austria, donantes del enorme abeto que desde este fin de semana adorna la Plaza de San Pedro.

"Cristo, el Hijo de Dios, trae al mundo oscuro, frío y sin redención en el que nació, una nueva esperanza y un nuevo esplendor", añadió.

Como es tradición desde hace más de una década, un abeto de enormes dimensiones, junto con un belén, adornan la plaza principal del Vaticano. Este árbol es obsequio de una región distinta cada año. El actual procede del valle de Piesting (Baja Austria), y fue entregado el pasado viernes 12 de diciembre al Papa por una delegación austriaca.

En la audiencia concedida, el Papa recordó "el alma profundamente cristiana de Austria" y pidió a los peregrinos que "hagan de modo que también en el futuro este testimonio de Cristo siga vivo para dar a los hombres apoyo y orientación en su vida".

"Si el hombre se deja tocar e iluminar por el esplendor de la verdad viviente que es Cristo -prosiguió-, experimentará una paz interior en su corazón y se convertirá él mismo en instrumento de paz en una sociedad que tiene tanta nostalgia de reconciliación y de redención".

El abeto, que mide más de 30 metros de alto, fue colocado el pasado sábado en el centro de la Plaza de San Pedro, y se ha adornado con alrededor de 2.000 esferas de colores y un nuevo sistema de iluminación de más de 1.500 puntos de luz.

En la inauguración del árbol estuvieron presentes el cardenal Giovanni Lajolo, presidente de la Gobernación del Estado Ciudad del Vaticano, así como el gobernador de la Baja Austria, Erwin Pröll, el embajador de Austria ante la Santa Sede, Martin Bolldof, y el obispo de Sankt Pölten, monseñor Klaus Küng.

Friday, December 12, 2008

Guadalupana

Guadalupana

Federico Dueñas
El autor es empresario
publicidad

El ayate de Juan Diego está hecho de fibras de maguey, las cuales tienen un período de vida máximo de 40 años, sin embargo, la imagen de la Virgen Guadalupana se ha conservado por más de tres siglos.

Hoy 12 de diciembre ce-lebramos a nuestra venerada Virgen de Guadalupe, símbolo por excelencia de la fe latinoamericana. Los maravillosos misterios sobre las apariciones de la Virgen son incontables, pues existen pocas referencias escritas, debido a la época en la que ocurrieron los sucesos. Pero las irrefutables pruebas del milagro están el ayate de San Juan Diego, en el cual a través de múltiples símbolos nos dice y asombra mucho más de lo que se aprecia a simple vista.

Las manos de la Virgen: la Virgen de Guadalupe tiene una mano más clara que la otra y se encuentran entrelazadas en posición de oración. Esto es como simbolismo del mestizaje de las dos razas, la española y la indígena. La cinta morada: la Virgen tiene una cinta morado oscuro amarrada al vientre como símbolo de embarazo. En esa época si una mujer mostraba su vientre durante el embarazo era una gran falta de respeto a ella y al bebé que estaba por nacer. Para indicar que una mujer estaba embarazada se amarraba una cinta al vientre, de allí el término de “estar en cinta”. La túnica: la túnica de la Virgen representa lo terrenal, tiene un lado más oscuro para denotar la noche y un lado más claro que es el día. Las flores de su túnica: en la túnica se observan nueve rosas, cada una de ellas simboliza a una de las tribus nómadas que salieron de Aztlán a fundar la Gran Tenochtitlan. El Sol: el resplandor del quinto sol se encuentra detrás de la Virgen de Guadalupe. El manto estrellado: en el manto estrellado de la Virgen están plasmadas las constelaciones visibles en el horizonte del Cerro del Tepeyac la madrugada de la aparición de la Virgen. La Luna: la Luna tiene una doble función, representa la fase lunar del día de la aparición y nuestra Virgen de Guadalupe se encuentra en el centro de la Luna. Lo cual significa que está en México debido a que la traducción del nombre del país que sería “En el ombligo de la Luna”. Ya que las raíces nahuas de las que proviene son: Me de Mextli que significa Luna, Xi de Xictli que significa ombligo y Co que denota lugar. El Ángel Tricolor: representa a Juan Diego como mensajero de la Virgen, las plumas de sus alas son de diferentes colores debido a que provienen de diferentes aves. Las plumas verdes pertenecen a un quetzal, las blancas a una garza y las rojas a un papagayo macho (lapa). La Virgen de Guadalupe se comunica con Juan Diego en Náhuatl, pues él aun no podía expresarse en un español fluido cuando ocurrió la aparición. La transcripción textual de las palabras de la Virgen Morena recopilada por Antonio Valeriano en el Nican Mopohua, un texto escrito poco antes o poco después de la muerte de Juan Diego, dice: “¿Acaso no estás en mi regazo y entre mis brazos? ¿Acaso necesitas alguna otra cosa?”. El ayate de Juan Diego está hecho de fibras de maguey, las cuales tienen un período de vida máximo de 40 años, sin embargo, la imagen de la Guadalupana se ha conservado por más de tres siglos. Y así podemos escribir miles de páginas sobre Nuestra Guadalupana, pero si las letras no emergen de nuestro sincero arrepentimiento, de poco servirán. Perdiéndonos así la vía más expedita al corazón de su hijo, Nuestro Señor Jesucristo. Recordemos las Bodas de Canaan… Que Dios y nuestra amada Morenita protejan a Nicaragua “forever”.
Compartir: delicious digg technorati yahoo meneame wikio

Benedicto XVI y las enseñanzas sobre los sacramentos en san Pablo

Benedicto XVI y las enseñanzas sobre los sacramentos en san Pablo

Intervención en la audiencia general de este miércoles

CIUDAD DEL VATICANO, jueves 11 de diciembre de 2008 (ZENIT.org).- Publicamos a continuación el texto de la catequesis pronunciada por Benedicto XVI este miércoles con ocasión de la audiencia general que tuvo lugar en el Aula Pablo VI.

El Santo Padre improvisó su intervención y, por este motivo, el texto completo de la misma ha sido publicado este jueves por la Oficina de Información de la Santa Sede.


* * *
Queridos hermanos y hermanas:

Siguiendo a san Pablo hemos visto en la catequesis del miércoles pasado dos cosas. La primera es que nuestra historia humana desde el principio está contaminada por el abuso de la libertad creada, que pretende emanciparse de la Voluntad divina. Y así no se encuentra la verdadera libertad, sino que se opone a la verdad y falsifica, en consecuencia, nuestras realidades humanas. Falsifica sobre todo las relaciones fundamentales: la relación con Dios, la relación entre hombre y mujer, y la relación entre el hombre y la tierra. Hemos dicho que esta contaminación de nuestra historia se difunde en todo su tejido, y que este defecto heredado ha ido aumentando y es ahora visible en todas partes. Esto es lo primero. Lo segundo es esto: por san Pablo hemos aprendido que existe un nuevo comienzo en la historia y de la historia en Jesucristo, aquel que es hombre y Dios. Con Jesús, que viene de Dios, comienza una nueva historia formada por su sí al Padre, y por ello ya no fundada en la soberbia de una emancipación falsa, sino en el amor y la verdad.

Pero ahora se plantea la cuestión: ¿cómo podemos entrar nosotros en este nuevo comienzo, en esta nueva historia? ¿Cómo llega a mí esta historia? Con la primera historia contaminada estamos unidos inevitablemente por nuestra descendencia biológica, al pertenecer todos al único cuerpo de la humanidad. Pero la comunión con Jesús, el nuevo nacimiento para entrar a formar parte de la nueva humanidad, ¿cómo se realiza? ¿Cómo llega Jesús a mi vida, a mi ser? La respuesta fundamental de san Pablo, de todo el nuevo Testamento, es: llega por obra del Espíritu Santo. Si la primera historia se pone en marcha, por así decirlo, con la biología, la segunda lo hace en el Espíritu Santo, el Espíritu de Cristo Resucitado. Este Espíritu ha creado en Pentecostés el inicio de una nueva humanidad, de la nueva comunidad, la Iglesia, el Cuerpo de Cristo.

Pero tenemos que ser aún más concretos: este Espíritu de Cristo, el Espíritu Santo, ¿cómo puede llegar a ser mi Espíritu? La respuesta es que esto sucede de tres formas, íntimamente conectadas unas con otras. La primera es ésta: el Espíritu de Cristo llama a las puertas de mi corazón, me toca interiormente. Pero ya que la nueva humanidad debe ser un verdadero cuerpo, ya que el Espíritu debe reunirnos y crear verdaderamente una comunidad, ya que lo característico del nuevo comienzo es la superación de las divisiones y la creación de la agregación de los dispersados, este Espíritu de Cristo se sirve de dos elementos de agregación visibles: de la Palabra y de los Sacramentos, particularmente del Bautismo y de la Eucaristía. En la Carta a los Romanos, dice san Pablo: "Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo" (10, 9), entrarás así en la nueva historia de vida y no de muerte. Después san Pablo continua: "Pero ¿cómo invocarán a aquél en quien no han creído? ¿Cómo creerán en aquél a quien no han oído? ¿Cómo oirán sin que se les predique? Y ¿cómo predicarán si no son enviados?" (Rm 10, 14-15). En un versículo posterior dice de nuevo: "La fe viene de la predicación" (Rm 10,17). La fe no es producto de nuestro pensamiento, de nuestra reflexión, es algo nuevo que no podemos inventar, sino sólo recibir como un don, como una novedad producida por Dios. Y la fe no viene de la lectura, sino de la escucha. No es una cosa solamente interior, sino una relación con Alguien. Supone un encuentro con el anuncio, supone la existencia del otro que anuncia y crea comunión.
Y finalmente el anuncio: aquel que anuncia no habla por sí mismo, sino como enviado. Está dentro de una estructura de misión que comienza con Jesús enviado por el padre, pasa a los apóstoles --la palabra "apóstol" significa "enviado"-- y continua en el ministerio, en las misiones transmitidas por los apóstoles. El nuevo tejido de la historia aparece en esta estructura de las misiones, en la que sentimos, en último término, hablar a Dios mismo, su palabra personal, el Hijo que habla con nosotros, llega hasta nosotros. La Palabra se ha hecho carne, Jesús, para crear realmente una nueva humanidad. Por ello la palabra del anuncio se convierte en sacramento del bautismo, que es renacimiento por el agua y el Espíritu, como dirá san Juan. En el sexto capítulo de la Carta a los Romanos san Pablo habla de un modo muy profundo del Bautismo. Hemos escuchado el texto. Pero quizás sea útil repetirlo: "¿O es que ignoráis que cuantos fuimos bautizados en Cristo Jesús, fuimos bautizados en su muerte? Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo en la muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva" (6,3-4).

En esta catequesis, naturalmente, no puedo entrar en una interpretación detallada de este texto difícil. Quisiera destacar brevemente sólo tres cosas. La primera: "hemos sido bautizados" es un pasivo. Nadie puede bautizarse a sí mismo, tiene necesidad del otro. Nadie puede hacerse cristiano por sí mismo. Ser cristiano es un proceso pasivo. Sólo podemos hacernos cristianos por medio de otro. Y este "otro" que nos hace cristianos, que nos da el don de la fe, es en primera instancia la comunidad de los creyentes, la Iglesia. Recibimos la fe, el Bautismo, de la Iglesia. Sin dejarnos formar por esta comunidad no podemos ser cristianos. Un cristianismo autónomo, autoproducido, es una contradicción en sí mismo. En primera instancia, este "otro" es la comunidad de creyentes, la Iglesia, pero en segunda instancia, tampoco esta comunidad actúa por sí misma, según sus propias ideas o deseos. También la comunidad vive en el mismo sentido pasivo: sólo Cristo puede constituir la Iglesia. Cristo es el verdadero dador de los sacramentos. Éste es el primer punto: nadie se bautiza a sí mismo, nadie se hace a sí mismo cristiano. Nos convertimos en cristianos.
La segunda es esta: el Bautismo es algo más que un lavatorio. Es muerte y resurrección. Pablo mismo, hablando en la Carta a los Gálatas del cambio en su vida a través del encuentro con Cristo resucitado, la describe así: he muerto. Empieza en ese momento realmente una nueva vida. Ser cristiano es más que una operación estética, que añadiría algo bonito a una existencia ya más o menos completa. Es un nuevo comienzo, es renacimiento: muerte y resurrección. Obviamente, en la resurrección vuelve a emerger lo que era bueno en la existencia anterior.
El tercer elemento es este: la materia forma parte del sacramento. El cristianismo no es una realidad puramente espiritual. Implica al cuerpo. Implica al cosmos. Se extiende hacia la nueva tierra y los nuevos cielos. Volvamos a la última palabra del texto de san Pablo: así --dice-- podemos "vivir una nueva vida". Elemento de un examen de conciencia para todos nosotros: vivir una nueva vida. Esto por el Bautismo.
Vamos ahora al Sacramento de la Eucaristía. Ya he mostrado en otras catequesis con qué profundo respeto san Pablo transmitía verbalmente la tradición sobre la Eucaristía recibida de los mismos testigos de la última noche. Trasmite estas palabras como un precioso tesoro confiado a si fidelidad. Y así escuchamos en estas palabras realmente a los testigos de la última noche. Escuchamos las palabras del Apóstol: "Por que yo recibí del Señor lo que os he transmitido: que el Señor Jesús, la noche en que iba a ser entregado, tomó pan, y después de dar gracias, lo partió y dijo: 'Este es mi cuerpo que se da por vosotros; haced esto en recuerdo mío'. Asimismo también la copa después de cenar diciendo: 'Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre. Cuantas veces la bebiereis, hacedlo en recuerdo mío'" (1 Cor 11,23-25). Es un texto inagotable. También aquí, en esta catequesis, sólo haré dos breves observaciones. Pablo transmite las palabras del Señor sobre el cáliz así: este cáliz es "la nueva alianza en mi sangre". En estas palabras se esconde una referencia a dos textos fundamentales del Antiguo Testamento. La primera referencia es a la promesa de una nueva alianza en el Libro del profeta Jeremías. Jesús dice a los discípulos y nos dice a nosotros: ahora, en esta hora, conmigo y con mi muerte se realiza la nueva alianza; con mi sangre comienza en el mundo esta nueva historia de la humanidad. Pero está presente, en estas palabras, también una referencia al momento de la alianza en el Sinaí, donde Moisés había dicho: "Esta es la sangre de la Alianza que el Señor ha hecho con vosotros, según todas estas palabras" (Ex 24,8). Allí se trataba de sangre de animales. La sangre de los animales podía ser sólo expresión de un deseo, la esperanza del nuevo sacrificio, del verdadero culto. Con el don del cáliz el Señor nos da el verdadero sacrificio. El único verdadero sacrifico es el amor del Hijo. Con el don de este amor, amor eterno, el mundo entra en la nueva alianza. Celebrar la Eucaristía significa que Cristo se nos da a sí mismo, su amor, para conformarnos a sí mismo y para crear así el mundo nuevo.
El segundo aspecto importante de la doctrina sobre la Eucaristía aparece en la misma primera Carta a los Corintios, donde san Pablo dice: "La copa de bendición que bendecimos ¿no es acaso comunión con la sangre de Cristo? Y el pan que partimos ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? Porque aún siendo muchos, un solo, pan y un solo cuerpo somos, pues todos participamos de un solo pan" (10, 16-17). En estas palabras aparece igualmente el carácter personal y el carácter social del Sacramento de la Eucaristía. Cristo se une personalmente a cada uno de nosotros, pero el mismo Cristo nos une también con el hombre y con la mujer que están a mi lado. Y el pan es para mí y también para el otro. Así Cristo nos une a todos consigo y nos une entre nosotros, uno con otro. Recibimos en la comunión a Cristo. Pero Cristo se une igualmente en mi prójimo: Cristo y el prójimo son inseparables en la Eucaristía. Y así todos somos un solo pan, un solo cuerpo. Una Eucaristía sin solidaridad con los demás es un abuso de la Eucaristía. Y aquí estamos en la raíz y al mismo tiempo en el centro de la doctrina de la Iglesia como Cuerpo de Cristo, del Cristo resucitado.
Vemos también todo el realismo de esta doctrina. Cristo nos da su cuerpo en la Eucaristía, se da a sí mismo en su cuerpo y así nos hace cuerpo suyo, nos une a su cuerpo resucitado. Si el hombre come pan normal, este pan en el proceso de la digestión se convierte en parte de su cuerpo, transformado en sustancia de vida humana. Pero en la Santa Comunión se realiza el proceso inverso. Cristo, el Señor, nos asimila a sí, nos introduce en su Cuerpo glorioso y así todos juntos nos convertimos en su Cuerpo. Quien lee solo el capítulo 12 de la primera Carta a los Corintios y el capítulo 12 de la Carta a los Romanos podría pensar que la palabra sobre el Cuerpo de Cristo como organismo de los carismas sea solo una especie de parábola sociológico-teológica. Realmente en la politología romana esta palabra del cuerpo con los diversos miembros que forman una unidad se utilizaba por el mismo Estado, para decir que el Estado es un organismo en el que cada uno tiene su función, la multiplicidad y diversidad de las funciones forman un curpo y cada uno tiene su sitio. Leyendo solo el capítulo 12 de la primera Carta a los Corintios podría pensarse que Pablo se limitaba a transferir esto a la Iglesia, que aquí solo se trataba de una sociología de la Iglesia. Pero teniendo presente este capítulo décimo vemos que el realismo de la Iglesia es bien distinto, mucho más profundo y verdadero que el de un Estado-organismo. Porque realmente Cristo nos da su cuerpo y nos hace su cuerpo. Nos unimos realmente con el cuerpo resucitado de Cristo, así nos unimos uno a otro. La Iglesia no es sólo una corporación como el Estado, es un cuerpo. No es simplemente una organización sino un verdadero organismo.
Finalmente, sólo dirigiré una brevísima palabra sobre el Sacramento del matrimonio. En la Carta a los Corintios se encuentran solo algunos apuntes, mientras que en la Carta a los Efesios ha realmente desarrollado una profunda teología del Matrimonio. Pablo define aquí el Matrimonio como "gran misterio". Lo dice "en referencia a Cristo y a su Iglesia" (5, 32). Se pone de relieve en este pasaje una reciprocidad que se configura en un dimensión vertical. La sumisión mutua debe adoptar el lenguaje del amor, que tiene su modelo en el amor de Cristo hacia su Iglesia. Esta relación Cristo-Iglesia convierte en primario el aspecto teologal del amor matrimonial, exalta la relación afectiva entre los esposos. Un auténtico matrimonio será bien vivido si en el crecimiento constante humano y afectivo hay un esfuerzo por permanecer ligado a la eficacia de la Palabra y al significado del Bautismo. Cristo ha santificado a la Iglesia, purificándola por medio del baño del agua, acompañado por al Palabra. La participación en el cuerpo y la sangre del Señor no hace otra cosa que cimentar, además de hacer visible, una unión indisoluble por la gracia.

Y finalmente escuchamos la palabra de san Pablo a los Filipenses: "El Señor está cerca" (Fl 4,5). Me parece que hemos comprendido que, mediante la Palabra y los Sacramentos, en toda nuestra vida el Señor está cerca. Pidámosle que podamos ser tocados cada vez más en lo íntimo de nuestro ser por esta cercanía suya, para que nazca la alegría - esa alegría que nace cuando Jesús está realmente cerca.

[Al final de la audiencia el Papa saludó a los peregrinos en varios idiomas. En español, dijo:]

Queridos hermanos y hermanas:

Para San Pablo, la predicación de la Palabra de Cristo es eficaz, provoca la fe y convierte a los creyentes en miembros de un único cuerpo. Los sacramentos son una actuación diferenciada de este dinamismo fundamental. Así, por el Bautismo, el creyente participa de la muerte y resurrección de Cristo y, por tanto, lleva en sí el germen de una vida nueva, recibe la gracia que lo libera del pecado, se reviste de Cristo y se hace hijo de Dios por adopción. Después, por el sacramento de la Confirmación, los bautizados se configuran más plenamente con Cristo como nuevas criaturas puestas bajo la ley del Espíritu. Además, están llamados a vivir el mismo sentido de comunión con Cristo y, a través de Él, con su cuerpo, que es la Iglesia, en el sacramento de la Eucaristía, al participar como hermanos de un único Pan. Desde esta misma perspectiva de la comunión, el Apóstol explica también el sacramento del matrimonio, que no ha de entenderse sólo como un remedio de la concupiscencia, sino como la expresión de la mutua pertenencia de los esposos, iluminada por el misterio del gran amor entre Cristo y su Iglesia.

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular a los fieles de la Parroquia de San Benito, de Gondomar, Pontevedra, y a los demás grupos venidos de España, México y otros países latinoamericanos. Que la doctrina del Apóstol Pablo renueve en vosotros la gracia recibida en los sacramentos y os ayude a tomar conciencia de vuestra condición de discípulos de Cristo y miembros vivos de la Iglesia. Muchas gracias.

[Traducción del italiano por Inma Álvarez
© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]